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El sur de Afganistán está plagado de minas y explosivos

La tierra de los hombres sin piernas

Los soldados estadounidenses llamaban a la provincia de Helmand, en el sur de Afganistán, "la tierra de los hombres sin piernas" porque quien era destinado allí tenía muchas posibilidades de regresar a casa postrado en una silla de ruedas.

Sus caminos están plagados de minas y artefactos explosivos que los talibán esconden bajo tierra para atentar contra las fuerzas de seguridad afganas y extranjeras, informa Mónica Bernabé en "El Mundo".

"Si continúa aumentando el número de pacientes, no sé cómo vamos a dar a abasto", se lamenta Dimitra Giannakopoulou, coordinadora médica del hospital especializado en víctimas de guerra que la ONG italiana Emergency tiene en Lashkar Gah, la capital de Helmand.

El hospital atendió en febrero a casi tantos heridos como en los meses de verano, que son los peores en Afganistán, cuando los combates se intensifican. Ahora está habilitando veinte camas suplementarias, y en una sala hay una montaña de batas quirúrgicas nuevas, sin usar, preparadas para las elecciones presidenciales previstas para el 5 de abril.

Los cirujanos temen que habrá tal cantidad de heridos que resultará imposible tener tiempo para lavar y esterilizar la ropa entre una operación y otra.

Helmand es una de las provincias más peligrosas de Afganistán, por no decir la que más. Bate dos récords. Es la primera productora de opio del país, y la más mortífera para las tropas internacionales: 947 militares extranjeros perdieron la vida allí en los más de 12 años de guerra.

"Cuando miro a mi alrededor y veo amputados por todas partes, me pregunto qué nos está pasando", dice Mahmud, que perdió las dos piernas hace cinco meses cuando su coche pisó una mina en el distrito de Sangin, en Helmand.

Aprender otra vez a caminar

Ahora intenta aprender a caminar con dos prótesis y grandes dificultades en el centro ortopédico del Comité Internacional de la Cruz Roja (CICR) en Lashkar Gah. Como él, hay tantos más. Las extremidades de plástico les da una apariencia de robocops, grotesca.

El responsable del centro ortopédico, Esmatullah Qazizada, corrobora que el número de amputados ha aumentado drásticamente en los últimos meses tras la retirada de la mayoría de las tropas internacionales de la provincia. Antes la situación ya era un infierno, pero ahora lo es más.

"Las fuerzas extranjeras limpiaban los caminos", comenta. Tenían sensores, perros rastreadores, e incluso vehículos mastodónticos con cámaras incorporadas para buscar cualquier artefacto oculto en el subsuelo.

Sus equipos salían casi cada día a explorar los caminos para la seguridad de sus propios efectivos, pero también beneficiaban a quienes por allí se desplazaban. Las fuerzas de seguridad afganas apenas disponen de esos recursos, pero los talibán continúan utilizando los artefactos explosivos como su principal arma de guerra.

La explosión fue tan grande que le arrancó las dos piernas de cuajo, recuerda Gran Kaka, que también aprende a andar con dos prótesis en el centro de CICR. No es fácil. Pierde el equilibrio como un niño que da sus primeros pasos. Los artefactos explosivos, de fabricación casera -compuestos por ollas, clavos y nitrato de amonio-, están preparados para atentar contra las camionetas con las que se desplazan las fuerzas de seguridad afganas. Si los pisa una persona, se puede dar casi por muerta.


"Di gracias a Dios de que mis hijos estuvieran a salvo" es lo primero que se le pasó por la cabeza a Kaka, cuando yacía moribundo en el suelo con las piernas ya separadas del cuerpo.

Sus niños estaban cerca, a pocos metros. Mahmud buscó ayuda primero en el hospital de Emergency cuando el artefacto explosivo reventó su coche y sus piernas quedaron destrozadas.

Después viajó a Pakistán con la esperanza de salvarlas, pero en Karachi se las cortaron por lo sano. Mohammad Gul perdió la pierna derecha hace cuatro años, y la izquierda, hace cuatro meses: "Cuando pisé una mina por segunda vez, supe que no había nada a hacer. El dolor me resultaba conocido". La lista de relatos es interminable.

El año pasado 962 civiles murieron y 1.928 resultaron heridos en Afganistán a causa de artefactos explosivos, un 14% más que en 2012, según datos de la Misión de Asistencia de las Naciones Unidas para Afganistán (UNAMA). En 2014 la cifra puede ser mayor con las elecciones presidenciales.