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Gema Hassen-Bey intentará coronar el el techo de África, a 5.895 metros de altitud

¿Se puede subir el Kilimanjaro en silla de ruedas?

En el circo uno tiene la sensación de que lo visto es tan, tan, tan increíble que el siguiente número no podrá superarlo. Por eso, cuando el maestro de ceremonias regresa a la pista para anunciar aquello de «y ahora el más difícil todavía», supongo que casi nadie le creerá. Pero ocurre, tus ojos lo ven: el siguiente número siempre es más increíble que el anterior.

Con la madrileña Gemma Hassen-Bey González la sensación es parecida. No puede caminar, pero ha recorrido tantos kilómetros como para dar dos veces la vuelta al mundo. Un accidente de tráfico y los nulos conocimientos sobre lesión medular que había entonces («me cogieron en brazos, me sentaron en un dos caballos verde y cuando llegué al hospital me pusieron de pie. Ahí la médula dijo: hasta aquí. Me desvanecí y cuando me desperté la vida había cambiado radical»), la dejaron en silla de ruedas con cuatro años y, sin embargo, cuando la llamas al móvil suena «Viva la vida» de Coldplay.

Ha participado en cinco Juegos (desde Barcelona’92 hasta Pekín’08), ha ganado medallas a mansalva, tendría que ser un mito del deporte español... pero ¡ay, amigo! Gema es paralímpica, no olímpica. Quizás por eso sorprende un poco menos que la conversación derive del yo al ellos. Y así salen los nombres de Mari Carmen Pazos, la fisioterapeuta del hospital de Parapléjicos que primero la atendió; Aurora Ampuero, la auxiliar a la que sigue viendo; Heliodoro Martín Muñiz, el maestro de esgrima toledano que la introdujo en este deporte/arte; o la Reina Doña Sofía, a la que entregó un ramo de flores en la inauguración del hospital y, 31 años más tarde, se volvieron a encontrar y defendieron juntas en Singapur la fallida candidatura de Madrid 2012.

Reset». Vuelta a la «zona cero». El accidente, en 1974, coincidió con la apertura del Hospital de Parapléjicos de Toledo (entonces se llamaba Centro Regional de la Seguridad Social para enfermos parapléjicos) y allí que fue Gema. «Recuerdo mi niñez muy surrealista. Lo vivía un poco como ‘Alicia en el País de las Maravillas’. Tanto que a veces pensaba que estaba en un sueño y que iba a despertar. Para mí el hospital tiene un valor incalculable: son 40 años de conocimiento. Lo bueno que tiene es la experiencia, una generación entera dedicada a la lesión medular», dice. Pasó toda su infancia allí. «Iba y venía. Cuando ingresaba podía estar un año o dos. Ahora la gente tarda poco: está unos meses y se va, pero entonces no se sabía nada de la lesión medular», añade.

Aún hoy, cuando se cumple su cuarenta aniversario, sigue yendo. «Toledo es una constante en mi vida. Sobre todo, la gente de la planta de niños. Les tengo mucha admiración. Para mí es como volver a casa. Yo salí del entorno familiar y me encontré con un montón de mamás y papás. Y ahora el reto del Kilimanjaro lo hago con ellos», cuenta. ¿Qué reto? Su última locura podríamos titular. Gema quiere ser la primera mujer en silla de ruedas que suba al «techo de África», el monte Kilimanjaro, en Tanzania, a 5.895 metros de altitud. Un sí se puede más en una vida en la que ha sido presentadora de televisión (licenciada en Periodismo por la Universidad Complutense), «chica Almódovar» (participó en la película «Carne Trémula», en 1997) o «coaching», especialista en motivación.

Ahora anda en un proyecto de emprendimiento social, «Diverscity», del que sale el reto Kilimanjaro y que, además, trata de impulsar a todas las empresas que apliquen bien la responsabilidad social. Pero el fin último es mayor. El sueño de ««Diverscity» es hacer real la «ciudad itinerante» que se monta una vez cada cuatro años en los Juegos Paralímpicos. «Cuando recibe a los deportistas se hace accesible y se caen las barreras físicas y psicológicas. La meta es conseguir que esa ciudad no sea itinerante», cuenta.

—Los psicólogos dicen que cuando una persona se queda en silla de ruedas, los primeros momentos son los peores, ¿a usted le ayudó ser tan pequeña?

—No. Esto es algo que siempre he escuchado y que no es verdad. De pequeña te influye mucho y la vida te va haciendo recordar que eres diferente. Por ejemplo, cuando despiertas en la adolescencia entiendes que además del acné tienes una silla de ruedas. Luego hay una cosa importante: los niños con discapacidad no tienen voz. No se les mira bien. Yo no pude ir al colegio. Por supuesto, las instalaciones no estaban accesibles y tampoco había personal preparado para recibir a un niño con discapacidad. Pero es que seguimos igual. Cuando tienes un accidente de pequeño, lo más importante es el entorno. Si está bien creado, te ayudará a formarte y a seguir adelante con unos valores. Si no, lo tendrás más difícil: no solo para superar tu condición física, sino también para desenvolverte en una sociedad que no está preparada.

—Pertenece a dos colectivos a los que se discrimina: mujer y discapacitada (aunque a Gema no le gusta esta palabra, que siginifica menor capacidad).¿En cuál de los dos se ha encontrado más trabas?

—No solamente mujer y discapacitada, sino que me apellido Hassen-Bey (su abuelo era turco), en el deporte la mujer no está tan bien posicionada como el hombre... Soy consciente de todo esto, pero siempre he aplicado una frase: «Si te mueves tú, el mundo se mueve contigo». En vez de dejarme abrumar por la situación, lo que hago es fijarme una meta y trabajar para conseguirla. Todo lo que te hace diferente, te crea una dificultad porque aunque nuestra Constitución dice que todos tenemos los mismos derechos, luego resulta que no es así.

—Usted dice: «No me puedo explicar cómo el hombre ha llegado a la Luna y a mí me cuesta tanto ir a comprar el pan». Y también: «Cuando deseas realmente algo y tomas compromiso, las cosas suceden». Le pregunto: ¿Qué no puede hacer?

—Aburrirme (risas). Creo que solo tenemos un tiempo, que es esta vida, que no sabemos lo que va a durar y yo intento aprovecharla al máximo. ¿Si es tan difícil comprar el pan? Pues sí. Solamente tendrías que darte una vuelta conmigo y paseando te darías cuenta de la cantidad de obstáculos, que dices: «Madre mía, con tanta tecnología, con tanto desarrollo y con tantos recursos, ¿por qué sigue ese bordillo? ¿por qué no se ha puesto esa rampa?». Todavía falta que se tome un compromiso real con la accesibilidad en todos los sentidos, no solo físicamente.

—Cito otra de sus frases: «Donde hay un obstáculo, yo veo una oportunidad». ¿Qué teme Gema Hassen-Bey?

—Temo muchas cosas. El miedo es algo que siempre está ahí. Pero sobre todo lo que me da miedo es no tener miedo porque este es un aliado en mi vida. Cuando he levantado la espada y me he tenido que enfrentar a las mejores del mundo, pues sinceramente te impone. Para mí no sentir miedo significaría que no estaría viva, que no tendría cosas por las que luchar, motivarme. Creo que el temor o el miedo son buenos aliados.

—La he leído decir que cuando le hablan de la crisis responde: «Yo he estado en crisis toda la vida». ¿Percibe mucha resignación en la sociedad?

—Para conseguir las cosas hay tres factores: mente, cuerpo y espíritu. A veces en la mente metemos mucha información que nos obstaculiza y que nos aparta de ser felices. De vez en cuando hay que hacer limpieza mental, como con el ordenador. A veces nos agobiamos con cosas que no son importantes y cuando la vida te pone entre la espada y la pared, en realidad te está dando una lección. Te está diciendo: ya sabes por qué te tienes que preocupar.

—En «Diverscity», cuando explica el reto del Kilimanjaro, dice que el objetivo es alcanzar la cima, pero que lo más importante es el camino. ¿Es su filosofía de vida?

Lo es. El deporte a mí me ha enseñado a ganar y a perder. Y perder para mí es tan valioso como ganar. En el deporte también influye la suerte, las lesiones, los cruces... Las derrotas me han enseñado que en la vida hay cimas y valles. Cuando estás arriba, cuidadín que lo que viene es bajar, y cuando estás abajo, tranquilo porque lo que viene es subir. El deporte tiene eso: no tienes garantizado el éxito y, cuando hay un fracaso, desapareces. Pero en la vida ganas y pierdes. Hay que relativizar lo que es el éxito y el fracaso, y quedarte con el proceso. Hago deporte porque me planteo metas, lucho por conseguirlas, no me rindo, hay un equipo que me acompaña... No es solo la foto finish de la medalla, es todo lo que tú has vivido hasta la medalla.