El sexo sigue para los lesionados medulares

Podré seguir manteniendo relaciones sexuales? ¿A partir de ahora disfrutaré del sexo de forma placentera? ¿Tendré orgasmos? ¿Mis erecciones y la eyaculación serán como antes? ¿En un futuro podré ser madre o padre? Son solo algunas de las preguntas relacionadas con su sexualidad y fertilidad que rondan por la cabeza de las personas que han padecido una lesión medular grave una vez que va avanzando el proceso de adaptación a sus nuevas circunstancias vitales.

Por suerte para todos ellos, en el Hospital Nacional de Parapléjicos de Toledo -referente en España y Europa gracias a la rehabilitación integral que un equipo de profesionales multidisciplinar brinda a este tipo de pacientes- cuentan desde hace más de tres décadas con el apoyo y el asesoramiento de la pionera Unidad de Sexualidad y Reproducción Asistida, coordinada actualmente por el médico rehabilitador Eduardo Vargas. Entrevista publicada en “El Español”.

“Cualquiera que se ponga en el pellejo de un lesionado medular puede entender que, antes que el sexo, primero le preocupan otras muchas otras cosas. ¿Qué va a pasar con mi movilidad? ¿Cómo voy a afrontar el futuro? Pero cuando se adaptan a lo que les ha pasado van teniendo otro tipo de inquietudes y, transcurridos varios meses, les surgen dudas sobre su sexualidad y su fertilidad”, explica el doctor Vargas, que no solo atiende a los pacientes ingresados en el hospital toledano, sino a lesionados medulares que acuden a su consulta desde muchos puntos de Castilla-La Mancha y del resto del país. A otros tantos les atiende telefónicamente si tienen dificultad para desplazarse y el Servicio de Salud de Castilla-La Mancha (Sescam), que gestiona el Hospital Nacional de Parapléjicos desde 2022, está avanzando en un proyecto para la implantación de las vídeo consultas.

La Unidad de Sexualidad y Reproducción Asistida comenzó su andadura en 1988 gracias al empeño personal de Alberto de Pinto, un médico parapléjico que durante su ingreso en el hospital toledano comprobó en sus propias carnes que los pacientes no disponían del asesoramiento necesario en material sexual y de reproducción. “Se enfrentó a muchos tabús y a muchas pegas, pero consiguió una habitación al fondo de un pasillo. Allí empezó todo… y ahora somos una referencia. Ya se han normalizado las cosas, por suerte, aunque aquí siguen viniendo mujeres con lesión medular a las que otros profesionales sanitarios les han contado que ya no pueden tener hijos, que no se le ocurra volver a mantener relaciones sexuales o que se olviden de tener un orgasmo. ¡Hasta ahí podíamos llegar!”, zanja el doctor.

A la Unidad, integrada por el propio coordinador y otro médico rehabilitador, un técnico de laboratorio y un auxiliar de clínica, buena parte de los pacientes llegan a través del servicio de psicología del mismo Hospital Nacional de Parapléjicos, con el que comparten pasillo y trabajan mano a mano. En línea con lo expresado por Eduardo Vargas, la psicóloga clínica Teresa Santos explica: “La sexualidad no es un área al que el paciente que ha sufrido una lesión medular conceda una atención inicial, pero a lo largo del proceso de la rehabilitación, mayormente durante la etapa media y final de la hospitalización, empiezan a aparecer cuestionamientos sobre sexo, porque sufren la incertidumbre de saber si podrán seguir desarrollando o no su vida sexual y su planificación familiar“.

“Tanto los hombres como las mujeres que tratamos dan un peso importante a la sexualidad dentro de su salud. Últimamente me estoy encontrando bastante más demanda por parte de las mujeres, pero tras la lesión los hombres se preocupan antes por el sexo y su incertidumbre va muy ligada al funcionamiento eréctil del pene“, asegura la profesional de la salud mental. “La disfunción eréctil suele ser frecuente en este tipo de pacientes”, confirma el doctor Vargas. Pero hay soluciones. “Se puede tratar con fármacos orales como la famosa Viagra y otro montón más que son similares. Si no funcionan, existe otro medicamento llamado Caverject, que también es un vasodilatador, aunque en este caso hay que pincharlo directamente en el pene“, añade.

En caso de necesitar Caverject para conseguir una erección suficientemente rígida y duradera -el doctor lo cifra “entre 45 minutos y una hora y media”-, la primera vez son los propios médicos quienes lo inyectan en el miembro viril del lesionado medular haciendo uso de una de las salas dispuestas para tal menester dentro de la Unidad. El objetivo es controlar los posibles efectos secundarios, comprobar cuál es la dosis adecuada -siempre la más baja posible que resulte eficaz- y que los pacientes aprendan la técnica para que puedan pincharse ellos mismos. Cuando lo tengan todo claro y han superado todos sus miedos, tendrán que hacerlo diez o quince minutos antes de iniciar cada relación sexual.

Como último recurso, aunque solo puede utilizarse en ciertas lesiones medulares incompletas y siempre que antes no hayan funcionado ningún otro tratamiento, cabe la posibilidad de conseguir erecciones mediante cirugía, gracias al implante de una prótesis de pene. “En principio es algo a evitar, porque la prótesis se introduce en los cuerpos cavernosos del pene y podría provocar úlceras e infecciones. En ese caso habría que retirarla y volver a poner una nueva, ya que es una técnica no reversible”, explica el doctor Vargas.

Estímulos para la eyaculación

El responsable de la Unidad de Sexualidad y Reproducción Asistida del Hospital Nacional de Parapléjicos, sin embargo, aclara que “conseguir una erección no significa que vayas a eyacular”. De hecho, una mayoría de parapléjicos y lesionados medulares no pueden expulsar su semen de manera natural, una función que los sanitarios del equipo tratan de recuperar siempre que sea posible por dos razones fundamentales: el placer sexual que produce y la posibilidad de inseminar a la pareja sin tener que recurrir a la biopsia testicular, una pequeña cirugía con la que se extraen directamente los espermatozoides cuando no hay eyaculación y se hace necesario inciar una inseminación artificial.

Para conseguir la eyaculación, el gran aliado de los lesionados medulares es el Ferticare Personal, un aparato vibrador con una especie de ventosa que se coloca en la zona del frenillo del pene para estimular, a través del nervio dorsal del mismo, los centros medulares fundamentales encargados de desencadenar el lanzamiento seminal. “Aquí tenemos una unidad, pero ellos mismos lo pueden comprar online para utilizarlo en casa siempre que quieran. El problema es que, al estar catalogado como un producto sanitario, es muy caro. Cuesta unos 800 euros y no todo el mundo se lo puede permitir. Por eso les recomiendo que empiecen adquiriendo cualquier otro masajeador vibrador, que se venden por 30 o 40 euros en plataformas como Amazon, y que prueben con él, porque en muchos casos también provocan el mismo efecto y funcionan”, asegura el doctor Vargas.

Este tipo de vibradores, ya sea el Ferticare Personal u otros modelos más asequibles, son utilizados por los hombres que sufren paraplejia “por placer sexual y por normalizar la relación sexual”, en palabras del médico, aunque la Unidad dispone de uno de ellos con otro objetivo añadido. “Si el paciente tiene la intención de ser padre y logramos una erección con eyaculación, aprovechamos para comprobar la calidad de su semen mediante un seminograma. Le vamos a hacer un seguimiento para que, en el momento que decida que quiere procrear, elijamos la técnica más adecuada en ese momento para conseguirlo”.

La creación de la vida

Sin duda, más allá de galardones y reconocimientos como el prestigioso premio internacional ‘Reina Letizia’ de Rehabilitación e Integración que recogieron en 2008, el gran éxito y orgullo de la Unidad de Sexualidad y Reproducción Asistida a lo largo de sus más de tres décadas de andadura es haber creado y seguir creando vida. Mucha vida. Más de 150 niños han nacido después de que alguno de que alguno de sus progenitores se haya puesto en manos de los profesionales del Hospital de Parapléjicos para conseguir una inseminación exitosa.

Para dejar constancia de ello, decenas de entrañables fotografías de esas criaturas nacidas bajo el amparo del doctor Vargas y sus antecesores -tanto Alberto de Pinto como Antonio Sánchez Ramos- decoran las paredes de la consulta, las dos salas y del laboratorio que componen la estancia. Ponerle cara a esos pequeños tan sanos y sonrientes supone una catarata de esperanza para los usuarios que llegan hasta esas dependencias cargados en muchos casos de desinformación, dudas y miedos, sin saber si ellos conseguirán ser padres.

La tasa de éxito es del 40 por ciento, una cifra nada desdeñable teniendo en cuenta que varias investigaciones recientes de la propia Unidad han demostrado que las lesiones medulares provocan en gran medida la fragmentación del ADN de los espermatozoides. O, lo que es lo mismo, una alteración genética que aunque les haga presentar un aspecto y movilidad normales a vista de microscopio, les supone perder su capacidad de fecundar el óvulo. Las mujeres con lesión medular, sin embargo, no sufren pérdida alguna de fertilidad, lo que explica que el doctor Vargas haya participado en la inseminación de decenas de mujeres que forman pareja con lesionados medulares, pero nunca directamente en la de una paralítica desde que comenzó su trayectoria en la Unidad de Sexualidad y Reproducción Asistida allá por el año 2000. “Las mujeres con lesión medular al principio pierden la regla, pero luego la recuperan, así que deben seguir teniendo las mismas precauciones si no se quieren quedar embarazadas“, puntualiza.

Y en el caso de que el semen de los hombres con daño espinal tenga cierta calidad también puede originar un embarazo natural, bien “como en cualquier otra pareja, mediante el coito si le es posible llevarlo a cabo” o mediante un paso añadido. “Hay algunos lesionados medulares que eyaculan solo mediante la masturbación o con el aparato vibrador. En ese caso recogen su semen en un vasito estéril como los de las muestras de orina y con una jeringa lo introducen ellos mismos en el fondo de la vagina de la mujer. Es algo que se puede hacer perfectamente en casa, sin venir aquí ni ir a ninguna clínica, y que es efectivo siempre que la cantidad y la calidad del semen sean aceptable”.

Aunque cuando el esperma no es lo suficientemente bueno no está todo perdido, ni mucho menos. Ahí la Unidad pone en marcha la técnica denominada inseminación asistida conyugal. “Aquí hacemos la extracción del semen, comprobamos que esté en unas condiciones aceptables para comenzar el proceso e intentamos mejorarlo. Mediante una centrifugación quitamos el plasma seminal, que es donde se encuentran los leucocitos, radicales oxidativos y demás que provocan la fragmentación del ADN de los espermatozoides. Tras la centrifugación cultivamos las células que quedan abajo, para quedarnos únicamente con los espermatozoides útiles, que son los que finalmente utilizamos para completar la inseminación asistida conyugal”.

Todo el proceso, desde la extracción del semen hasta la introducción en el útero de la mujer, pasando por el tratamiento de mejora del esperma, se realiza en las mismas instalaciones de la Unidad de Sexología y Reproducción Asistida a lo largo de una mañana. Es necesario que estén los dos miembros de la pareja, obviamente, y se lleva a cabo cuando la mujer está ovulando. A los nueve meses muchas de ellas están dando a luz. El doctor Vargas explica que cuando la inseminación asistida conyugal no es factible o efectiva, bien porque no se consiga la eyaculación o porque el semen no tenga la calidad suficiente, poco más pueden hacer allí por las parejas, a las que les quedaría una última bala: recurrir a la fecundación in vitro en las clínicas públicas y privadas que la llevan a cabo.

Nuevos placeres

Más allá del sexo destinado a la reproducción, el equipo de profesionales del Hospital de Parapléjicos también informa, orienta y ayuda a los lesionados medulares a redescubrir su sexualidad para volver a conseguir placer mediante las experiencias íntimas, ya sea en solitario o en pareja. El concepto clave a la hora de conseguirlo es la adaptación, el aprendizaje. En resumen, se trata de que pasarlo bien deje de depender de la genitalidad y del orgasmo, sino de sacar todo el partido posible a las zonas erógenas que no han perdido un ápice de sensibilidad a consecuencia del daño espinal y a disfrutar de la experiencia en sí, no solo recibiendo placer, sino dándolo.

El doctor Vargas resume cómo son las primeras consultas, muy enfocadas a evitar la frustración que provoca en los pacientes pretender hacer y sentir cosas en la cama de la misma manera que lo hacían meses atrás cuando no estaban en una silla de ruedas: “Les explicamos que si van buscando exactamente lo mismo que antes de la lesión no lo van a encontrar, pero que con el tiempo van a adaptarse a sus nuevas formas de sensibilidad, al igual que lo hacen a las nuevas formas de movilidad. Poco a poco van a ir experimentando y van a generar un nuevo modelo de relación sexual satisfactoria, no tan centrada en el coito“.

“Tanto los hombres como las mujeres tienen que buscar zonas erógenas que se encuentren por encima de su lesión, que tenemos muchas además de los genitales. Ellos no pueden ir pensando únicamente la eyaculación, porque si no la consiguen se van a frustrar. Y las mujeres tienen que saber que el orgasmo no va a ser como antes y que puede ser inconstante, aparecer en unas relaciones sí y en otras no, además de necesitar estimular el clítoris más tiempo y con más intensidad, por ejemplo con una varita vibradora. Es una cuestión de cambiar el chip”, añade.

“Se trata, en definitiva, de amplificar el concepto de la sexualidad. La idea es que no focalicen en la pérdida, que no piensen que su sexualidad se ha achicado por sus limitacione físicas y orgánicas, sino que entiendan que existen muchas facetas de la relación sexual que pueden verse tremendamente enriquecidas después de la lesión. Con el tiempo va creciendo su capacidad de retomar un disfrute compartido, de focalizar en ciertas zonas erógenas o formas de estimulación, de introducir la fantasía y reinventar la experiencia sexual”, apunta Teresa Santos.

“La sexualidad es intrínseca al ser humano, sea cuales sean sus características físicas. Por eso trabajamos en amplificar la sensorialidad de los pacientes, para que vivan el sexo con los cinco sentidos, con mayor consciencia y calidad. Va a ser un disfrute compartido y menos genitalizado, percibido con los cinco sentidos, al servicio de la sensitividad y del placer“, finaliza la psicóloga clínica del Hospital Nacional de Parapléjicos de Toledo.

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